Hernán Ávila Blanco “Don Candado”

El Señor de los Candados

Por José Manuel Morera Cabezas
Recolector de Tradiciones Alajuelenses.

A pesar de su ausencia física, hace más de trece años, una imagen fotográfica instalada a la entrada del taller cerrajero, parece dirigir el trabajo de sus cuatro hijos y dos nietos, cerrajeros de corazón, herencia dejada por don Hernán Ávila Blanco, conocido en todos lados con el sobrenombre “Candado”.

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El taller de Don Candado.

Aprendió cerrajería y electricidad en Panamá, donde estaba su padre, Juan, quien lo trajo a este país por las obras en la construcción del Canal interoceánico, donde laboraba.

Abrió un Taller

Regresó a su tierra natal, Alajuela, con los dos oficios, adquiridos a la par de ingenieros de Estados Unidos. Aquí, desarrolló sus habilidades, al servicio de los costarricenses. Ubicó un tallercito humilde en su casita no menos humilde, construida en adobes, sin rótulo alguno y él casi desconocido en sus inicios, hace más de setenta años.

Con un alicate y una prensadora, en forma manual, confeccionaba llaves para candados y llavines. Esta función atrajo a muchos ciudadanos quienes salían sorprendidos por la precisión y habilidad. “El señor de los candados, me hizo las llaves, me arregló el llavín, el señor de los candados”, así se expresaba la gente.

Nació “Candado”

De esa expresión popular, nació “Candado”, la fama llegó a todos los puntos de la ciudad. Fue conocido a escala nacional e internacional, por la calidad del trabajo y único especialista en la materia, en esta ciudad.

No sólo conocía el arte de confeccionar una llave o dominar el interior de un candado, tenía amplia experiencia y conocimientos en igniciones de automóviles, máquinas de escribir, cajas de seguridad y bóvedas de los bancos; también era experto en el manejo de armas bélicas porque aprendió el oficio de la armería, en 1948.

Su sabiduría y dedicación al trabajo, pasaron como la mejor herencia en sus hijos Julio, Vladimir, Arturo, Adolfo; sus nietos Glenda y Gustavo; mejor conocidos como “Los candados”, tan artistas cerrajeros como su padre y abuelo. Candado fue el pionero en Alajuela y en Costa Rica, junto a la “Cerrajería Americana”, única en la Capital San José.

Muchas horas podemos pasar con los Candados, disfrutando de un montón de historias bellísimas, metidas bajo llave en sus corazones, pero dispuestos a darlas a conocer con toda naturalidad, simpatía y humor, muchas de ellas ya escritas o contadas en diferentes escenarios entre amigos y familiares.

“Mi papá hizo un trabajo en la caja fuerte del ejecutivo municipal de Guápiles, recibiendo de él un telegrama dirigido a su casita, indicando “Don Candado”, así, sin nombre ni apellidos, con la dirección «Alajuela». El funcionario repartidor de la correspondencia en la Ciudad, no tuvo pérdida e inmediatamente hizo llegar el mensaje a don Hernán, porque quien no conocía a este trabajador, bien se podía decir que era de otro Planeta o estaba desubicado en el tiempo y el espacio.

Abrió las Puertas de un Avión

Otra situación curiosa se presentó en el Aeropuerto El Coco, hoy Aeropuerto Internacional Juan Santamaría, una simpática y emocionante historia. Funcionarios de la compañía aérea nacional, no tuvieron problema en localizarlo y traerlo hasta un avión de L.A.C.S.A con la delicada misión de abrir las puertas al quedar gente atrapada en el interior de la nave, causando mucha angustia y desesperación.

Con su magia, profesionalismo, toque artístico e inteligencia, abrió las puertas, recibiendo los aplausos y felicitaciones de la gente encerrada, igual aplaudido cuando un piloto hace maniobras salvadoras para lograr el aterrizaje forzoso, salvando a todos.

Visitaron a “Don Candado” para abrir artefactos o repararlos, don Rafael Ángel Calderón Guardia, Jorge González Martén, los Orlich, Gaspar Ortuño y otros; además, hizo varios trabajos para el Banco Nacional de Costa Rica y el Ministerio de Seguridad Pública.

Así como fue un artista en este oficio, lo era para el baile. Gran seguidor y amigo de músicos reconocidos de la época, recordamos a Otto Vargas, Lubín Barahona y Jorge Duarte, entre otros. Esta actividad muy propia de la época, le permitió proponer a los organizadores de las Fiestas dedicadas al Héroe Nacional Juan Santamaría, constituir un baile popular para los alajuelenses adultos y así, en 1987, salió la idea de dar el bautizo como “El baile de la polilla”, hoy una tradición y necesidad en Alajuela, también visitado por muchos jóvenes.

Lo que poseía de trabajador, fiestero y amigable, lo reflejaba en su buen corazón hospitalario, siempre su casita de adobes y su familia, dieron albergue y pan a los necesitados de la calle, nunca negó solidaridad a sus semejantes, acción que debemos reconocer e imitar.

Recuerda el Esfuerzo de los Humildes

Recordar a Candado, es siempre importante, aunque ya todo está escrito o conocido por la mayoría de los adultos; pero en vista de que estos personajes y su historia cada vez son más olvidados, desgraciadamente, por la influencia de otros temas nada positivos, sin contenido espiritual y laborioso; Candado y su trabajo son parte de nuestra rica historia, como lo hicieron los carretoneros, los zapateros, los molineros, los panaderos, las costureras y, en este caso, los mecánicos cerrajeros. Por tal razón, es saludable desempolvar estas historias, porque marcaron el esfuerzo y responsabilidad de nuestros humildes trabajadores.

Cuántos ciudadanos pasamos a diario junto al establecimiento de Candado, allí donde nos hacen una llave en un minuto, nos arreglan o venden una caja fuerte, mientras no valoramos esta inmensa tarea e historia, no valoramos nuestras raíces y tradiciones, raíces que sostienen nuestra Patria…

José Manuel Morera Cabezas
Cédula 9-014-438.
Jmorera50@hotmail.com